Si usted ama a su pareja y quiere fortalecer la unión con ella, proceda a disfrutar plenamente en la intimidad. La familia hace coincidir las naturalezas de cada uno de sus componentes en un entorno de intimidad.

Para muchas parejas resulta tentador invitar a casa a ese familiar lejano con la intención de que pase unos días en nuestro hogar. En otras ocasiones, es casi inevitable que personas de nuestra propia familia convivan con nosotros, ya sea por motivos de salud, edad, económicos o por varios de los anteriormente reseñados. Todas estas situaciones constituyen una fuente de intercambio social importante.

Sin embargo, en muchos momentos no sabemos dosificar la presencia de extraños, hasta el punto de que pueden interferir sobremanera en las relaciones de la familia, y especialmente en las de la pareja. En caso de invitar a amistades o familiares debemos intentar, por adelantado, sugerir un período de estancia fijo. Si otras personas conviven con nosotros a diario, es recomendable establecer algún santuario casero, por ejemplo, el propio dormitorio, en el que podamos rescatar cierto grado de intimidad en algunas horas señaladas del día.

ATENUAR LA CULPA

Para muchas personas dedicarse tiempo a sí mismas o a su pareja les provoca sentimientos de culpa. En su sistema de creencias, la entrega total hacia la familia parece ser el factor principal de referencia. Esta culpa nace inicialmente de una sana sensación de entrega que se contrapone con los intereses personales. La idea parte de un planteamiento, quizá exagerado, del tipo: “Tengo una familia y me debo totalmente a ella”. Es cierto que esa familia existe gracias a que una pareja se ha constituido previamente y que, en su estructura, hay que cuidarla.

Podríamos retroceder aún más en ese razonamiento, apuntando que, a su vez, la pareja existe gracias a nuestra intervención como seres individuales. En un sentido estrictamente práctico debemos, en primer lugar, cuidarnos a nosotros como personas, luego a la pareja y, finalmente, al resto de la familia.

RESERVAR ESPACIOS

Al igual que somos sabios a la hora de administrar nuestro tiempo, también debemos mantener en nuestro entorno cierta información y elementos fuera del alcance de nuestros hijos. Por ejemplo, una situación bancaria determinada, ya sea por exceso o por defecto, podría hacerles pensar que la sobriedad en el gasto pudiera resultar superflua. Por el contrario, problemas económicos determinados podrían generar una preocupación innecesaria en los demás miembros de la familia, especialmente si éstos son transitorios o si los demás miembros no juegan papel alguno en su resolución. Toda la documentación al respecto debería permanecer resguardada en algún lugar accesible tan sólo a la pareja.

Lo mismo puede decirse respecto a las cartas, notas escritas o correos electrónicos íntimos que la pareja ha intercambiado. Huelga recomendar igual actuación respecto a las fotografías íntimas, especialmente con la moda de las cámaras digitales y su posterior almacenamiento en el ordenador doméstico. ¡Todo debe permanecer bien guardado!

LA IMPORTANCIA DE LA COMUNICACIÓN

Debemos aprender a transmitir nuestro yo más íntimo al otro. Hacerlo partícipe de lo que hacemos, especialmente sobre nuestros pensamientos, así como qué esperamos de las cosas, de la propia familia, de la vida, etc. Cualquier momento es bueno, pero algunos, antes de dormir, con las luces apagadas, invitan a conversaciones íntimas. En estos momentos debemos evitar temas que rememoren conflictos o pudieran iniciar una discusión, especialmente y al menos dos horas antes de irse a dormir.

Ciertos contenidos deben ser tratados tan sólo en pareja antes de desvelarlos parcial o totalmente al resto de la familia: crisis económicas, problemas personales de relación con alguno de los miembros de la familia…

Un factor importante es el de compartir, íntimamente, percepciones muy sutiles acerca de nuestros hijos.

Podríamos llamarla comunicación intuitiva, consistente en factores que hemos casi adivinado acerca de nuestros hijos, mediante ciertos detalles que sólo nosotros como padres podemos percibir.

Es nuestra capacidad para conocer el mensaje que está bajo las palabras. Es una información muy rica en contenido y especialmente sensible que debe ser sólo compartida con nuestra pareja.

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