Los primos son una parte de la familia que muchas veces no recordamos de manera especial, a pesar de la importancia fundamental que tienen en nuestras vidas. No existe el día de los primos, pero siempre estamos con ellos celebrando sus alegrías y tristezas. Son compañeros, hermanos de sangre y corazón durante la infancia y serán nuestros amigos eternos. Quienes han compartido la felicidad de convivir con sus primos lo comprenden y por eso hoy les dedicamos estos post a ellos, a nuestros primos…

 

Los primos, nuestros hermanos de infancia

No todos tenemos la oportunidad de tener hermanos que compartan nuestras alegrías y llantos durante la infancia y muchos de los niños tienen que esperar algunos años para poder correr con algunos de sus hermanos. Es por eso que quien ha tenido un primo cercano a su edad durante la infancia, sabe que ese fue su compañero de juego, su heredero de juguete, su cómplice de travesuras y su enemigo más potente. Peleas que duraban horas o quizás solo algunos minutos, después de todo el tiempo para jugar no podía desperdiciarse y eso es algo que sabe muy bien cualquier niño.

Los primos durante la infancia puede que no se vean diariamente, pero sí en los momentos más importantes del grupo familiar, durante los cumpleaños, las navidades, las vacaciones y en muchas tardes en casa de la abuela. Comparten el amor de los tíos, de los abuelos y todos los primos juntos hacen una gran pandilla de diversión, de solidaridad, de hermandad que nunca se olvida. Los primos son nuestros hermanos de infancia aunque no vivamos con ellos.

 

Los primos, nuestros amigos eternos

La hermandad que se vive durante la infancia hace los lazos de amor para el resto de nuestras vidas. Decir “ese es mi primo” es un sinónimo de decir “ese es mi hermano, ese es mi amigo”. Los primos son los que mejor comprenden los problemas familiares, ellos son protagonistas de los desacuerdos y también de los momentos memorables que se viven dentro de nuestro árbol familiar. Entre ellos no hay nada oculto y por eso también son cómplices y solidarios a lo largo de toda la vida.

No importa si la distancia separa en la edad adulta físicamente a los primos, hay un lazo que perdura mucho más allá de esa distancia. La nostalgia por aquellos recuerdos dulces de nuestra infancia y la complicidad que se vive durante la adolescencia es algo que marcará eternamente los lazos de amistad entre los primos.

¡Es una relación tan bonita y tan estrecha que ya con nuestros hijos comenzamos a fomentar inconscientemente esos lazos de hermandad entre primos! Y es que, después de todo, los mejores amigos pueden estar en nuestra propia familia.

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